Tiempo de cerezas
Ya ha arrancado la campaña de una de las frutas más esperadas de la primavera
Con la llegada de la primavera, el valle de Etxauri, ubicado a escasos 15 kilómetros de Pamplona, se llena de color. Si entre la última quincena de marzo y principios de abril muchos de sus campos se cubren de flores blancas, desde mediados de mayo hasta julio el paisaje se tiñe de rojo, gracias a un producto muy característico en esta época del año: la cereza.
Aunque Etxauri acompaña el nombre de esta deliciosa fruta, se cultiva en todo el valle, formado por seis municipios. Alberto Campos, que lleva vinculado al Grupo AN desde 2003, posee cerezos en los términos de Etxarri, Ciriza y Vidaurreta. “Llevo toda la vida dedicándome en exclusiva a la cereza. Mis padres eran de Funes y a mi padre le gustaba mucho la agricultura. Por eso en cuanto pudo buscó un lugar en el que comenzar con la actividad y se instaló aquí, apostando por el cultivo más tradicional de la zona y que funciona bien, que es la cereza”, apunta.
El agricultor comenzó con la recogida a mediados de mayo en familia, junto a su mujer, Catherine, que trabaja codo con codo con él, y algunos de sus descendientes: “Mis hijos, seis en total, tienen su vida, pero siempre que pueden, ayudan. Todas las manos son bienvenidas”. La cosecha se llevará a cabo durante alrededor de dos meses.
Campos cultiva 15 variedades diferentes de cereza, para que florezcan tempranas, medias y tardías. “En realidad el ciclo se puede hacer con unas 5 o 6 variedades. Estas primeras que estamos recogiendo son burlat, la más abundante, bigi y nimba”. Sara Machín, técnica de campo del Grupo AN que acompaña a Alberto Campos, añade: “Usar distintas variedades sirve sobre todo para repartir mejor el trabajo durante la recolección y para disminuir los riesgos en caso de inclemencias meteorológicas. Si cae un pedrisco y estropea todo el fruto del árbol, todavía quedan por salir”, asegura.
La técnica de campo alaba la manera de trabajar de la familia: “Podan lo que peor está del árbol y del modo que les interesa, para que resulte más fácil recoger las cerezas. Tienen una forma de podar que, aunque el árbol tenga 15 años, parece nuevo, son muy minuciosos. Trabajan mucho la sanidad y el porte del árbol y con eso consiguen unas cerezas de un calibre grande y una calidad organoléptica espectacular. Muchos agricultores quitan los árboles a los 10 o 15 años porque dan menos frutos”. Una afirmación que comparte Campos: “Los mejores burlat que tengo son de hace 44 años”. Alberto añade que el control de la cosecha hay que hacerlo en la poda, que se lleva a cabo de septiembre a marzo. “Hay que buscar el equilibrio para que no haya demasiadas cerezas pero que se mantenga el tamaño. Tiene que haber cosecha, pero a su vez que el árbol no esté saturado. Además, cuando nos damos cuenta de que una variedad da mejor calidad que otra, la cambiamos injertando o arrancando”.
La cereza de Etxauri llama la atención por su brillo y su color rojo radiante, y es la única cereza de secano que se produce en Navarra. “Aunque todo el mundo piensa que su zona es la mejor, es cierto que la cereza de Etxauri es más suave y muy sabrosa, debido al clima de la zona y a la tierra, laderas rodeadas de montes”, señala Alberto Campos.
El mejor momento de esta fruta llega escalonadamente durante la campaña. Para la recogida, los recolectores se atan las cestas a la cintura y cogen las cerezas a dos manos, una a una por el mango y con mucha delicadeza, para proteger el producto. Como explica Sara Machín, “las cestas son pequeñas, para evitar daños por aplastamiento”. La cereza hay que cogerla en el punto óptimo de maduración, que se ve por el color, rojo oscuro, y con un calibre mínimo, ya que el mismo día se lleva al cliente y al día siguiente se está consumiendo. “No maduran fuera del árbol, por lo que deben recogerse ya maduras”, asegura Alberto Campos.
El mayor pico de trabajo llega entre finales de mayo y principios de junio. Al ser recolección manual exige abundante mano de obra, por lo que pueden llegar a contratar hasta 15 personas, aparte de los miembros de la familia. “El gasto más fuerte es el de personal”, afirma el productor.
Aunque parezca que la campaña de la cereza es corta, Alberto Campos asegura: “Tengo labores para todo el año. El día posterior al último día que cogemos cosecha, ya estamos preparando la siguiente campaña. Y si llueve, estoy en la nave”. Con respecto al relevo generacional, un reto al que se enfrenta el sector, Campos lo tiene asegurado. “Uno de mis seis hijos se ha hecho joven agricultor, aunque todos intentan ayudar cuando estamos en campaña de recolección”.
Además de en el valle de Etxauri, el Grupo AN también tiene productores de cereza en Cárcar.









